La historia que olvidé contar...

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No hay personas que nos hacen daño, hay personas a las que les permitimos que nos hagan daño. Y puede que sea muy pendeja mi aseveración o puede que sea una absoluta verdad, no soy nadie para andar imponiéndole cosas o teorías a los demás, es sólo que después de todo lo que he vivido esa es la única cosa cierta que tengo, por ahora.

Mi blog es un monólogo que a veces carece de sentido, escribo dando por hecho que los demás saben de que se tratan las palabras o cual es el verdadero objetivo de estas, supongo que es una manera cómoda y hasta cierto punto evasiva para decir lo que quiero sin que los demás se enteren por completo de lo que pasa.

Entonces digo –y después de tanto y tanto-, pero nunca explico de que se trata ese tanto y tanto y puede que para algunos de ustedes no sea necesario, porque de alguna manera, de una manera un tanto torcida me comprenden y están aquí, aunque a veces yo me vaya y mande todo al demonio, incluyéndolos, y eso, tampoco es personal, es sólo que hay días, semanas o meses en los que nadie me debería de conocer porque me convierto en una persona que lo único que puede hacer bien es amargar a los que están a su alrededor, luego entonces me voy pero regreso y ustedes aquí están y siguen sin preguntar y me comprenden, pero llega el momento, porque a todos, en algún punto de nuestro paréntesis nos llega, de amarrarse los calzoncitos y decir que es lo que nos está llevando directito a la chingada, y sí, ya sé que yo dije que sentimientos negativos llaman a sentimientos negativos pero tampoco creo que eso de estarse amargando a uno mismo sea la solución, aunque por otro lado, todavía no sé de ninguna víbora que se haya ahogado con su propio veneno, warever…

- Escribe como si el diablo te persiguiera- jajaja, nunca había escuchado una frase más ad hoc… y es que la verdad yo escribo así… como si las palabras se me fueran escapando una a una y no tuviera más alternativa que seguirlas persiguiendo como lo que soy… una estúpida que busca un sueño… un sueño que persigue al morbo… al morbo de no saber que es lo que siguió después de nuestra aparición especial….

Y aquí viene la historia.
Mi aparición especial la hice en la vida de una mujer, una mujer ni muy buena, ni muy mala sino todo lo contrario [lo que sea que eso signifique], una mujer a la que quise con todo y hasta donde pude; una mujer que me dio grandes momentos, tanto de felicidad como de tristeza y en algunos puntos hasta de desesperanza; que me enseñó muchas cosas voluntaria e involuntariamente [las dos más importantes: para querer a alguien no basta con palabras, hay que demostrarlo; la segunda: no puedes decir que quieres estar con alguien si estás con otra persona, no puedes decir que quieres a alguien si terminas enamorándote de su amiga].
El problema de las apariciones especiales es que sólo somos actores de segunda, a los que se les da un papel por unos cuantos capítulos y que al término de la telenovela nadie recuerda y si nadie nos recuerda es porque todos están centrados en los protagonistas, las protagonistas en este caso, y es entonces cuando yo digo que no basta con desear las cosas o con crearse una realidad y creerse lo que uno quiere, y lo digo porque aunque yo quise y creí ser la estelar, la verdad es que en la vida de esa mujer ya había alguien más.
Y no sé, visto a la distancia, saliéndome completamente del guión… como pude creer durante tanto tiempo que podía llegar a algún lugar con ella, soy sincera, traté de cercenar mis desordenados recuerdos con las plumas de mi almohada, escondiéndome hasta de mi misma entre las sábanas, como si cubriendo mi cabeza pudiera deshacer sus palabras.
Fracasé. El amor, la vida… son premios y pruebas, confieso que fui cobarde en muchos sentidos, que el miedo ganó muchas batallas, que me calle muchas cosas, que fingí no saber otras tantas para no terminar con el sueño, con la sensación de seguridad que tenía a su lado. Fracasé porque es mi historia y acepto la parte que me toca. Fracasé porque estoy en números rojos.
Pero no todo es tan negro y no todo es tan blanco, hubo un tiempo, que seguramente ustedes notaron, donde todo fue morado.rosa.magenta, días de lluvias felices, de llamadas nocturnas, de besos verdaderos, de desayunos sin reclamos, de películas sin contenido, de copihues del otro lado del mundo, de nubes que eran planes, de chocolate en el pecho, de creer con los ojos cerrados… y esos son mis números rojos, al menos hasta que pueda hacer un balance.
Con un concierto no.terminado, lágrimas que no te dejan ver por dónde vas manejando, reclamos innecesarios…
Aquí termina la historia.
Cada quién se cuenta el cuento como lo recuerda o como quiere recordarlo, mi cuento nunca fue de terror.