Si algo pudiera decir de mí hoy, además de que me siento infinitamente triste y sola, es que sé que puedo ofrecer y que no.
Que tengo malos gustos y peores ratos, que escribo pausado y todo el tiempo me estoy corrigiendo en silencio. Apuntando y subrayando todos los errores para no volver a pisar sus cadáveres. Sí, los errores para mí son cadáveres, los pequeños son agua que se evapora rápido, pero los verdaderos son cadáveres de personas que siguen vivas pero vamos perdiendo en el camino.
Caídos en guerra. Identidades anónimas que después de un tiempo no significaran nada. O tal vez sí. Que tal vez sean sólo un poema repetido mil veces.
En eso estoy estos días. Reconstruyendo corazones que no son míos y entre tanto y tanto me encuentro con un cielo que parece pintado por ángeles. Volvió mi capacidad de asombro, me voy a quedar con eso.
Cuando recién llegué a la ciudad me sorprendían sus tonalidades, esos suspiros fugaces y perturbadores que arrojaba al atardecer como agonizando, como no queriéndose ir.